February 16, 2007

Consuelo... Ahí ta´ tu cuento...

El Deseo y El Amor.
Pancho Centeno
(Colombia)

Ellos son una pareja infeliz. Ha pasado mucho tiempo desde que se casaron y casi ni se hablan -como si se lo hubiesen dicho todo-. Es evidente que ya no existe el amor en esta relación. Todo el amor que se tenían se lo legaron a sus hijos, quienes se marcharon de casa hace algunos años, quedando solos y en hastío.

El es un coleccionista de cosas viejas. Una noche regresa a casa con una lámpara que compró en una tienda de antigüedades; la coloca sobre la mesa de comedor, enciende el televisor para ver el noticiero al mismo tiempo que le exige a su mujer:
- Ya puedes servirme la cena; tengo mucha hambre.
Ella simula no escucharlo, como siempre. Esta sentada en la sala, leyendo una novela de amor; es una buena lectora y aquella novela le trae recuerdos de años pasados y lejanos.
De pronto, repara en la lámpara que su marido ha traído a casa, piensa que se parece a la que siempre dibujan en los cuentos de Aladino; entonces cierra el libro, se levanta del sillón, toma la lámpara y -en broma- la frota tres veces. Como en el cuento, de la lámpara brota una luz brillante y también un genio con turbante y zapatillas de satín.
Ante el estruendo que se produce, el marido retira su atención del televisor y se dirige al comedor. Los dos están sorprendidos; él más que ella, puesto que ella ya conocía la historia.
El genio liberado les dice que les va a cumplir tres deseos, pero de la siguiente manera: un deseo para ella, otro para él y uno más que deberán pedir de común acuerdo entre los dos.
- Tienen hasta una hora para decidirlos- dice el genio satinado mientras se esfuma ante la atónita pareja.
- ¿Y ahora qué?- dice el marido.
- No sé- contesta la esposa- piensa en tu deseo que yo pensaré en el mío.
- Está bien- dice el marido- pero mientras tanto quiero mi comida: un par de huevos fritos y un chorizo.
No ha terminado de decir chorizo, cuando dos huevos y un chorizo aparecen sobre la mesa.
- ¡Pero... ¿que es esto!?- exclama horrorizado el sorprendido marido, alegandoi hacia el lugar por donde se esfumara el genio-, este no fue mi deseo... no fue eso lo que quise pedir... me estaba refiriendo a la comida que debía servirme mi mujer, no a mi deseo... no es justo.
- ¡Qué tonto eres!- dice la mujer con una pequeña y sarcástica sonrisa dibujada en sus labios-. Has desperdiciado tu deseo, pero me has ahorrado el tener que prepararte tu comida, lo cual agradezco inmensamente. Al menos cómete los huevos y... buen provecho.
El marido se los come, y tal y como lo desea su mujer le caen muy bien, le aprovechan.
-!Noooooooooo¡. dice la mujer-, no fue eso lo que verdaderamente deseé... buen provecho es tan solo un decir, algo que se le desea a alguien que está a punto de comer... es injusto.
En ese momento el genio aparece y les recuerda que les queda un solo deseo, pero que deben pedirlo de compun acuerdo. Acto seguido se desaparece.
-¿Y ahora qué?- vuelve a decir el marido.
- No sé- contesta la mujer-, creo que los dos hemos hecho el tonto con nuestros deseos. Nos portamos como dos egoístas.
- Mejor pensemos bien lo que queremos pedir para los dos.
- No se me ocurre nada- dice ella-. Estoy leyendo una novela de amor sobre una pareja que ha dejado de amarse por culpa del tiempo.
- Como nosotros- compara él.
- Si, como nosotros- confirma ella.
- Y ¿qué les sucede?- se interesa él.
- Al final se vuelven a enamorar como cuando se conocieron la primera vez- cuenta ella.
- Te gustaría que me volviera a enamorar de ti?- pregunta él.
- Me gustaría; odio tu ausencia y ese silencio tuyo que solo sabes romper cuando exiges tu comida,- se queja ella.
- Bien, ¿por qué no lo intentamos?- sugiere él.
- Sólo si tu también lo deseas- condiciona ella.
- Lo deseo más que nada en el mundo.- confiesa él.
Mientras hablan, él y ella, se toman de la mano por primera vez en muchos años y se miran a los ojos. Es evidente que el tiempo ha transcurrido sin piedad, son notorias las huellas de sus historias en la piel, sin embargo, en aquel instante, sienten latir sus corazones al ritmo de los corazones de un par de adolescentes que se acaban de encontrar en la vereda tropical de antaño. Entonces, se regalan una sonrisa y luego un beso que apenas sí roza sus labios, pero que va impregnado de pequeñas promesas y esperanzas.
Allí, sentados en el sofá de la sala, confundidos en el mejor de los abrazos, esperan ansiosos la aparición del genio de la lámpara a quien le pedirán como tercer deseo que les conceda la oportunidad de volverse a enamorar. Pero pasan las horas y le genio de la lámpara no aparece.
Tampoco hace falta que lo haga, su tercer deseo ya se está cumpliendo.


P.D: El Sr. Francisco Pancho Centeno es uno de los mejores cuenta cuentos que yo he podido presenciar alguna vez en mi vida. Tiene una capacidad increible para meterte en sus relatos y hacerte participe de sus historias, para mi; verle en tarima fue tan bueno como ver al Cirque du Soleil o U2, simplemente porque, vale la pena verlos.


4 comments:

Consuelo said...

Que hermoso...no solo ha sido un dulce¡ Ha sido un hermoso regalo y de esos que causan sorpresas¡ Gracias¡

Nany said...

Ha sido un placer hacerlo. Los regalos son para eso... para sorprender. Asi como los dulces sorprenden el paladar cuando son buenos... asi los cuentos sorprenden el corazon.
Un Beso.

T3Mo said...

Chido tu escrito, jaja, seguire pasando por aki, aver si tu tambien te puedes dar una vuelta por mi blog

Nany said...

T3mo: Bienvenido y muchas gracias por el comment.
Saludos.